¡Qué rico un ceviche de concha!

Por Verónica Yépez R.

Este año, de 1998, ha sido declarado como el "Año Mundial de los Océanos" y en esta declaratoria está inmersa toda esa increíble gama de fenómenos que alrededor de los océanos giran. Específicamente en el Ecuador existe un ecosistema vital para todos que tiene una relación estrecha con el océano: el ecosistema de manglar, uno de los ecosistemas más productivos del mundo.

El manglar es un ecosistema costero que está constituido por una infinidad de especies acuáticas y terrestres de flora y fauna. En el Ecuador existen cuatro tipos de árboles de manglar: el mangle rojo o verdadero, el mangle negro, el mangle blanco y el mangle jelí.

Los árboles de mangle rojo o verdadero, de la especie Rizophora, son los más comunes y los que observamos al navegar por los ríos y esteros que conducen al mar. Estos tienen un atractivo muy peculiar, sus raíces son aéreas y se asemejan a las patas de los zancudos, lo que les permite sostenerse sobre los suelos blandos de la costa y filtrar la salinidad del agua. Este tipo de manglar se hallan en zonas con gran influencia del mar y al estar tan cerca, se constituye en un bosque protector que nos previene de los oleajes y de las arremetidas del mar en tierra firme.

Dentro de la Reserva Ecológica Manglares Cayapas-Mataje, que es una de las 24 áreas protegidas del país y está ubicada al norte de Esmeraldas muy cerca de la frontera costera con Colombia, se hallan los manglares más altos del Ecuador especialmente en el sector de Majagual. Para llegar allá existen visitas guiadas que parten desde San Lorenzo y recorren los esteros que conducen a este lugar de increíble valor ecológico y de orgullo para los ecuatorianos. Muy cerca de Majagual se encuentra la población de La Tolita en donde se asentó la cultura del mismo nombre y de la cual conservamos como un símbolo nacional el Sol de Oro que representa al Banco Central.

El manglar no solamente es importante por sus bosques sino por todo el ecosistema que dentro de éste habita. Es hábitat de una multiplicidad de especies de fauna: en sus copas viven aves como garzas, martines pescadores, colibríes, patos cuervos; en sus ramas se encuentran iguanas, perezosos, tigrillos, y en sus raíces, conchas, cangrejos, caracoles y larvas de camarón. Existe también una gran cantidad de insectos, zancudos y mariposas por citar solamente unos pocos ejemplos pues la multiplicidad de especies hacen del manglar un ecosistema activo y lleno de vida. Y por su puesto no podría faltar la presencia de los seres humanos, en especial de aquellos grupos ancestrales que han coexistido desde hace 400 años con el manglar.

El manglar ha beneficiado al país durante años; su madera ha sido muy apreciada para la construcción, de la cáscara de su tallo se ha extraído taninos para la curtiembre, y su fauna ha sido comercializada y degustada por todos los ecuatorianos. Las conchas, los cangrejos y el camarón son productos del manglar por lo cual, no solo quienes comercializan sus productos sino todos, somos sus beneficiarios.

Pero como no todo es rico como el ceviche de camarón, el manglar se está acabando. Desde hace aproximadamente 20 años la industria camaronera arremetió en las zonas de manglar produciendo una terrible deforestación con consecuencias ecológicas de gran magnitud. Muchas de las piscinas camaroneras han sido construidas en áreas que antes las ocupaba el manglar. La deforestación ha causado la pérdida de muchas especies y una baja poblacional considerable de otras que aún en él habitan. Esto ha ocasionado también la marginación de sus usuarios tradicionales, grupos principalmente de raza negra que han sido despojados de sus territorios ancestrales, perdiendo su fuente de trabajo y de vida.

La tala de manglar representa una pérdida terrible para el país al destruir nuestra propia biodiversidad. Todos somos sus beneficiarios y requerimos del manglar para comer, para protegernos del mar, para filtrar la salinidad del agua y para apoyar a las comunidades que en torno a él habitan. Por eso debemos conocer el manglar, visitarlo, disfrutarlo y apoyar para la conservación del bosque que aún está en pie y para la reforestación de las áreas que han sido taladas y abandonadas.

Un ecosistema tan importante no puede acabarse porque nos estaríamos acabando a nosotros mismos. Pensemos por un momento mientras disfrutamos de un enconcado de cangrejo, las maneras de apoyar a su conservación y de unirnos para un desarrollo sustentable en donde tanto la economía nacional, el bienestar de las personas y la conservación de la naturaleza se dé armónicamente.